Tres historias alrededor de un testigo silencioso
Se estrenó en salas españolas a mediados de mayo el largometaje escrito y dirigido por Indikó Enyedi tras “La historia de mi mujer”. En el corazón de un jardín botánico en una ciudad universitaria medieval de Alemania se alza un majestuoso ginkgo. Este testigo silencioso ha observado durante más de un siglo los tranquilos ritmos de la transformación a lo largo de tres vidas humanas. En 2020, un neurocientífico de Hong Kong, explorando la mente de los bebés, inicia un experimento inesperado con el viejo árbol. En 1972, un joven estudiante cambia profundamente por el simple acto de observar y conectar con un geranio. En 1908, la primera estudiante universitaria descubre, a través del lente de la fotografía, los patrones sagrados del universo ocultos en las plantas más humildes. Seguimos sus torpes e inexplicables intentos de conectar -cada uno profundamente arraigado en su propio presente- mientras son transformados por el poder silencioso, perdurable y misterioso de la naturaleza. El antiguo ginkgo nos acerca a lo que significa ser humano: a nuestro anhelo de pertenencia.
Esta coproducción húngara es una compleja película compuesta de tres historias paralelas en que la directora vuelve a encontrar su voz singular, desde una perspectiva androcéntrica se acerca al vínculo entre el humano y la planta, se pregunta qué sienten estos seres vivos y nos plantea la posibilidad sin dictar sentencia sobre si los vegetales pueden observar a los humanos, si nosotros debemos cambiar nuestra percepción de los árboles y plantas que tienen su propio ritmo de vida y la directora capta un centenario árbol como presencia no inerte que es como un personaje más. La cinta utiliza formatos de imagen diferentes para cada época: 35 mm en blanco y negro en la historia ambientada en el año 1908, 16 mm en color para la que transcurre en 1972 y digital en la que ocurre en 2020. Tengo que decir que de las tres historias la menos interesante para mi gusto sería la del año 1908 ya que resulta un poco convencional. Esta es una propuesta con un planteamiento original y arriesgado que puede gustar a los amantes del cine de autor sensorial pero no la recomiendo a todos los públicos, tiene imágenes poéticas y contemplativas, destaca la fotografía a cargo de Gergely Pálos y la música compuesta por Gábor Keresztes y Kristóf Kelemen. Además, el reparto está formado por el conocido actor hongkonés Tony Leung (recordado en títulos de Wong Kar-Wai), la francesa Léa Seydoux y el alemán Sylvester Groth (serie Deutschland 89”) en la historia del año 2020, Enzo Brumm y Marlene Burow en la de 1972 y Luna Wedler (“El falsificador de pasaportes”) en la de 1908.
El film fue uno de los favoritos para ganar premios importantes en la sección oficial de la mostra de Venecia del año pasado y obtuvo el premio a mejor intérprete joven para Luna Wedler y el premio FIPRESCI del jurado de la crítica internacional. También ganó la espiga de plata a mejor película en la Seminci de Valladolid y el Hugo de plata a mejor fotografía en el festival de Chicago.
Valoración: 7’5
Lo mejor: la fotografía y Tony Leung adecuado en su papel.
Lo peor: hay momentos contemplativos que pueden ser aburridos.
Considero que la película no tiene un ritmo tedioso y ayuda la alternancia de las tres historias pero sí creo que si no se entra en la propuesta puede resultar un poco indiferente. Quien espere encontrar conclusiones certeras en especial en la historia que tiene lugar en 2020 sobre el experimento con el antiguo árbol puede quedar decepcionado. Personalmente, lo que sí ha logrado es que tenga ganas de abrazar un árbol y cuidar plantas.

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