La semana pasada hubo varios estrenos estadounidenses. Uno de ellos es el segundo largometraje dirigido por Tyler Atkins. Tras años alejado de la jaula, Patton James, un antiguo campeón de MMA temido por se ve obligado a regresar para la pelea de su vida cuando su hermano menor corre peligro. Reencontrándose con el entrenador que una vez lo convirtió en una leyenda, se prepara para un último enfrentamiento contra el actual campeón, un luchador brutal decidido a destruir el legado del excampeón ante el mundo entero. Llevado al límite, lo que está en juego para el contendiente es simple: ganar o perder todo lo que ha construido. Este es un drama realista que sigue una fórmula antigua pero funciona, no es original y puede recordar a “Warrior” (2011). La película tiene personajes que parecen clichés, describe a un luchador adicto a la violencia, las escenas de lucha están bien realizadas y montadas y destaca la fotografía. El filme está protagonizado por Daniel MacPherson y cuenta con Russell Crowe como el entrenador retirado (también coguionista) y Luke Hemsworth.

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