Tras “Reversión” que se estrenó hace unos meses, ha llegado a los cines este largometraje dirigido por Jacob Santana. Alicia y su hija Carla se mudan a una vieja casa en busca de un nuevo comienzo tras un divorcio difícil. Sin embargo, pronto descubren que la casa guarda una historia oscura, una cadena de tragedias que parecen repetirse generación tras generación. Carla, que lucha por encontrar su lugar en el mundo, comienza a notar que algo en la casa no está bien. Su madre, cada vez más paranoica, empieza a temer que su hija sea la causante de los eventos extraños que suceden a su alrededor. Pero la verdad es aún más aterradora: Alicia es la que está perdiendo el control... o peor aún, nunca lo tuvo. Esta es una pasable cinta de terror española que tiene clichés y una ambientación ideada para el mercado internacional aunque mantiene el interés y resulta medianamente entretenida. La propuesta intenta hablar de temas como la sobreprotección materna o la culpa asociada a experiencias como el divorcio y la relación materno-filial, pero el resultado no acaba de funcionar bien y es un poco decepcionante. Lo más destacado es la interpretación de Belén Rueda (que vuelve a demostrar su buen hacer en el cine de género), acompañada de la joven Vera Centenera, Elena Irureta y Belén Écija (hija de Belén Rueda).

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