En el último fin de semana de agosto se estrenaron varios títulos españoles en salas. Uno de ellos es el debut escrito y dirigido por Manuel García-Gil. En Sardas, un pequeño pueblo aragonés de 36 habitantes, la montaña rodea, el invierno aísla y la naturaleza reclama su espacio. En ese entorno, Toño Rodríguez transformó un catering escolar en una obsesión: la Estrella Michelín. No es un sueño romántico, es resistencia. La presión de la alta cocina desgasta al equipo y pone al límite a sus familias. Un camino de arraigo y oficio para demostrar que la vanguardia puede nacer, y sobrevivir, en el rincón más apartado, incluso cuando la exigencia del éxito amenaza con romper el equilibrio de todo lo demás. Este interesante documental está estructurado a través de las cuatro estaciones del año. Muestra el trabajo y la exigencia que hay detrás de cada plato culinario, demostrando que la innovación y la excelencia no tienen por qué desarrollarse solo en las grandes ciudades. La figura de Toño Rodríguez habla de la contradicción entre la ambición profesional y el deseo de permanecer vinculado a su tierra. El filme estuvo en la sección Cinema cocina del pasado festival de Málaga.

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