El actor y director Ben Affleck ha coescrito y dirigido este largometraje después de “AIR”. Cuando su hijo es secuestrado, un candidato a la alcaldía de Los Ángeles y su mujer se ven arrastrados a una peligrosa red de engaños. Mientras luchan contrarreloj para reunir el dinero del rescate, ambos se verán obligados a tomar decisiones capaces de poner en riesgo todo aquello que intentan proteger. Con un argumento relacionado con la cinta japonesa “El infierno del odio” de Akira Kurosawa (1963) la película estadounidense es un thriller policiaco más bien genérico que no sorprende, se ve pulido como muchas producciones de Netflix y podría haber sido más crudo. Habla de las desigualdades sociales y tiene una atmósfera inquietante. Sin embargo, el guion entrecruza temas y el resultado no es creíble. El filme tiene un atractivo reparto formado por el propio Affleck (un poco sobreactuado), Kerry Washington, Gillian Anderson, Steven Yeun, Adriana Paz y Luis Gerardo Méndez (“La hora de los valientes”. Así pues, estamos ante la propuesta menos lograda de su director a diferencia sobre todo de sus tres primeros largometrajes.

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