Un estreno de inicio de año es el coescrito y dirigido por Philipp Stölzl después de “The royal game”. En Ispahán, Irán, en el año 1034, el médico Rob Cole y su familia se ven obligados a huir de la Madraza y poner rumbo a occidente junto a sus estudiantes de medicina. Al llegar a Londres, descubren que musulmanes y judíos tienen prohibida la entrada a la ciudad y que no pueden ejercer como médicos dentro de ella. Sin dejarse intimidar, Cole y sus pupilos establecen un hospital improvisado a las puertas de Londres. Cuando Cole es llamado por el Rey para que atienda a su hija enferma, sus excepcionales habilidades como curandero le aseguran un puesto en la corte. A medida que se vea envuelto en luchas de poder e intrigas políticas de la casa real, el médico deberá guiarse por su instinto para sobrevivir en una Inglaterra al borde del colapso. Esta secuela de la aceptable cinta “El médico” (2013) es un interesante drama alemán de aventuras. Si la primera película narraba el aprendizaje, el viaje iniciático y la conquista del conocimiento médico en un mundo dominado por la superstición y el dogma, en esta continuación el protagonista ya no solo busca respuestas sino que transmite verdades en un entorno que no siempre está preparado para aceptarlas. El largometraje reduce el tono épico y lo sustituye por un drama más introspectivo, la puesta en escena es sobria y tiene una lograda ambientación. El filme vuelve a estar protagonizado por Tom Payne, acompañado de Aidan Gillen, Liam Cunningham, Emily Cox y cuenta otra vez con Emma Rigby. Así pues, esta segunda parte está a la altura de la primera aunque aporta algo diferente.

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